UNIVERSIDADES, LAS NUEVAS COLONIAS DE VERANO.



La falacia de lo gratuito abunda hoy en día, y su justificación sobre todo tiene gran carga valorativa, y sentimental pero carece de justificación razonal.

Tomando uno de los pilares esenciales de cualquier sociedad, la educación y su desarrollo en cuanto a la problemática planteada es un tópico realmente interesante, sobre todo por el nivel de naturalización que ha adoptado. A partir de esto cabe en este caso sacar conclusiones de aquellos sistemas de educación pública en especial la universitaria, y su fundamento.

Entendemos a la educación pública como aquel sistema administrado por los estados, que ofrece la formación educativa y es sostenida por impuestos. No es necesario profundizar en el concepto para entender que la educación gratis no existe. Como todo servicio supone un profesional que este capacitado para ofrecerlo, un grupo de trabajadores encargados de mantener la institución, entre otros empleados, todos deben recibir un sueldo.

Partiendo de la concepción de que este servicio no es un regalo, y entendemos que todos los ciudadanos se ven obligados a sostenerlo por medio de la carga tributaria; cabe preguntarse entonces quienes disponen de gozar tal beneficio. Tomando el caso de Argentina, básicamente cualquier egresado de un secundario puede ingresar al sistema, sin necesidad de un rendimiento especifico o contribución.

Suena justo, pero no es siquiera moral o eficaz. Cabe aclararse, que no se insta a juzgar a aquellos que optan por esta modalidad, si no la estructura en si y su mecanismo. Dando por sentado que la educación debería ser accesible a todos, esto no tiene por qué suponer que se le de perfil de regalo estatal sobre todo a aquellos que tienen el poder adquisitivo para compensar lo que están utilizando. Y si no suena lógico, tampoco debería serlo el hecho de que impositivamente otros estén abonando las cuotas estudiantiles que no les competen.

No se trata de que desaparezca la universidad pública, podrían efectivamente implementarse medidas ponderativas de aranceles dependientes de las condiciones individuales.

Por última instancia se hacen cuestionables las pretensiones que estiman estos mismos sistemas sobre los estudiantes. Dado que se puede terminar una carrea estipulada en tres o cuatro años, en doce, se deja espacio a que aquellos que así lo quiera, hagan uso de las universidades a modo de recreación. Sin mencionarse, el aumento del nivel académico y rendimiento que supondría emparejar las exigencias con normas. El cual puede llevarse a cabo mediante métodos de becas, contribuciones estudiantiles en aspectos administrativos, y otras tantas formas de hacer reciproca la contribución.

Es un hecho que existen millones de profesionales de excelente nivel académico quienes fueron instruidos en estos términos, el foco en cuestión no es desacreditarlos, si no desnaturalizar la presunciones sobre las bases visibles que mantienen a las universidades públicas. Que como se describió, funcionan sólo con el dinero proveniente de impuestos y mantienen requerimientos laxos para aquellos que quieren hacer uso del servicio.

Escrito por Abril Trankels


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